viernes 11 de noviembre de 2011
 
 

Balance positivo

Sobran argumentos para sentenciar que tanto el rugby argentino como el porteño cierran el 2011 con un gran saldo a favor. La columna de Claudio Leveroni que se publicará mañana en la previa del Seven de la URBA de Tocata que será la última edición de este año.

 

Llegamos al final de la temporada con la clara sensación que estamos clausurando un año que, además de dejarnos un balance positivo, se cierra con la noticia más esperada, la oficialización del ingreso de los Pumas a una competencia internacional que le garantiza anualmente seis test match con los mejores del mundo. La Championship coloca a nuestro rugby en la ubicación que le corresponde, dentro de la elite mundial. Un lugar que esta muy lejos de ser un obsequio, ha sido ganado gracias al esfuerzo de varias generaciones, que fueron retroalimentando la necesidad de crecer respetando nuestra identidad de juego. Tarea intergeneracional que se viene arrastrando desde hace tiempo, luchando contra infinidad de inconvenientes que generalmente obedecen a intereses ajenos a los nuestros.
El ingreso al rebautizado Tres Naciones es solo la frutilla del postre, es el cierre de un muy buen año como ha sido el 2011 para el rugby argentino. Lo es porque además de haber consolidado su estatura continental en el mundial de Nueva Zelanda, ha logrado consagrar al segundo seleccionado nacional como campeón de la Copa Vodacom en su segunda participación. Para quienes minimizaron ese logro devaluando esta conquista de los Pampas XV, bien vale recordar que nueve integrantes de aquel plantel que en mayo, después de tres meses de competencia, levantaron el trofeo en Sudáfrica, terminaron siendo parte del grupo mundialista de los Pumas, y varios de ellos quedaron como titulares. Jugadores que, en su gran mayoría, ya tiene destino asegurado en los principales clubes europeos. Es otra muy buena noticia saber que el trabajo que se realiza en los centros de entrenamiento de nuestro país va rindiendo resultados satisfactorios.
El 2011 también deja un saldo favorable para el rugby porteño. Primero porque se logró poner paños fríos al conflicto con los jugadores que llegó a su máxima temperatura en abril. Ya no hay prohibidos, aunque si quedaron restricciones que son lo suficientemente elásticas como para evitar que en el 2012 suceda algo similar a lo de este año. Segundo, porque aunque muchos todavía rezonguen, el formato del torneo, que volvió a las dos zonas de clasificación en la primera parte del año, es el adecuado. En esa etapa inicial permite el saludable cruce entre los más desiguales del Grupo 1, y a partir de mitad de año los 14 mejores dirimen entre si. Por lo equilibrado, cada vez son menos los que se oponen a este sistema.

   
 
 

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