viernes 17 de junio de 2011
 
 

El camino hacia el éxito siempre esta plagado de fracasos previos

Estos últimos días el rugby argentino recibió cachetazos desde todos los lados posibles. La derrota de los Pumas en Resistencia, lo Jaguares perdiendo los dos primeros partidos en la Copa de las Naciones y los Pumitas con un traspié en su debut mundialista frente a Gales. Para colmo queda aún pendiente subir los peldaños del fin de semana donde, sin dudas, el tramo más difícil lo tendrá nuestro representativo juvenil que esta en Italia.

 

Hoy (por el sábado), culminando su paso en primera ronda, le toca enfrentar al tricampeón, Nueva Zelanda, que viene de un fulminante 92 a 0 ante Gales. El presagio no es el mejor por más que anotemos a favor de los Pumitas el triunfo ante Italia a mitad de semana. Lo hicieron sin jugar bien y ante un rival que, como era previsible, fue mucho más flojo. Con los Jaguares, que están en Rumania en una nueva edición de la Copa de las Naciones, había muchas esperanzas que, esta vez, regresaran con el título. La consagración Pampa en Sudáfrica alentó esa ilusión sabiendo que hay 13 integrantes en el plantel Jaguar que levantaron la Copa Vodacom hace pocas semanas. El sueño comenzó a derrumbarse rápidamente con la derrota sufrida ante Portugal primero, y Georgia después. Queda Rumania este domingo pero el destino de regresar con las manos vacías ya esta marcado.
Con estos resultados a la vista el panorama parece desconsolador. Lo es si nos dejamos atrapar por la ansiedad que impone el cortoplacismo. El rugby argentino viene teniendo desde hace décadas un lento y progresivo crecimiento que, por lo pausado, es saludable ya que el terreno que fue ganando no lo ha perdido. Los últimos mundiales pueden ser un buen parámetro para medir ese crecimiento, no para medirlo simplificando las cosas al punto de entender que en cada uno de ellos hay que clasificar mejor que en el anterior. De ser así el ciclo de Phelan solo sería exitoso si los Pumas llegan a la final en Nueva Zelanda, y si concluyen en un lugar por debajo del tercero sería un fracaso. Los mundiales sirven como mojones para cotejar la evolución de nuestro rugby en el tiempo. En Gales 1999, pese a una crisis institucional muy fuerte que vivía la UAR, el seleccionado argentino logró un impacto formidable gracias a un rendimiento colectivo que se fijó como plataforma para lo que vendría más adelante. Una mirada de corto plazo solo recogería de aquel entonces haber pasado por primera vez a la segunda ronda dejando a Irlanda afuera del torneo. En cambio, una mirada más amplia y generosa puede observar que la camada de Pumas que estuvo en Gales en 1999 marcó una imborrable huella para las futuras generaciones de Pumas. De la misma forma se podría decir que el fracaso, en términos de resultados, que tuvo el seleccionado de Marcelo Loffreda en Australia 2003 supo ser traducido, por el mismo entrenador, en un extraordinario aprendizaje para construir el éxito de Francia 2007.

   
 
 

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