domingo 17 de abril de 2011
 
 

El castigo de ser becado

La indefinición acarrea consecuencias. La URBA extiende demasiado los tiempos para resolver sobre la insólita prohibición que recae sobre los jugadores afectados al PladAR. Escribe Claudio Leveroni

 

 

Se hace difícil comprender, e intentar aceptar con ciertos parámetros de criteriosa razonabilidad, porque se llegó a la fecha inaugural del torneo sin definir la situación de los jugadores afectados al PladAR. Citar a una Asamblea para que intente resolver el conflicto 48 horas antes del punto de partida del campeonato no parece ser un mensaje conciliador que intente acercar a las partes. Claro, esto en la medida que se entienda y acepte que hay dos partes en este conflicto, los dirigentes y los jugadores.
Los 17 rugbiers que se encuentran involucrados en la prohibición, y están en Sudáfrica junto a Los Pampas, hicieron pública una carta con argumentos muy criteriosos y en términos absolutamente respetuosos. La misiva, en si misma, es un puente que busca acotar las diferencias que ellos tienen con las autoridades de la URBA, explicando lo que parece una obviedad: Ser deportista becado no es ser profesional. Aunque se trate de una definición que puede aceptarse desde el sentido común, los jugadores recurren también al reconocimiento que hizo la AFIP aceptando que no son profesionales. La carta invita a la reflexión, exalta las características formativas que tiene el rugby y reconoce que se esta en una etapa de transición que necesita la unión de todos los involucrados. Con sabia madurez los jóvenes piden ser escuchados y apoyados.
Extraña situación la de estos deportistas que son castigados por su condición de becados, por ser los mejores en sus puestos y poder integrar un seleccionado nacional. No debe haber meta más importante para un atleta perteneciente a cualquier disciplina deportiva, que representar a su país. En el rugby de Buenos Aires el orgullo de vestir la celeste y blanca es expulsivo. Lo es en la medida que no se les permita seguir cobrando las becas y jugar en sus clubes. ¿Qué valores se defienden con las prohibiciones? ¿Qué espíritu del rugby es el que se invoca para defender semejante estado de inquisición? Una beca, que es reconocimiento y aliento al esfuerzo personal, no puede transformarse en un castigo para quien la recibe. No lo es en ningún otro deporte, ¿porque debería serlo en el rugby?.
El PladAR, que dicho sea de paso esta mostrando un rotundo éxito a través de los muy buenos resultados que Los Pampas están teniendo en la Copa Vodacom, tiene a 17 de sus integrantes castigados con la prohibición de volver a competir en sus clubes de origen. Sin embargo, esa condición no les ha cercenado la posibilidad de rescatar uno de los máximos valores que cosecha este deporte. La amistad de centenares de jugadores que hoy hacen causa común para que esa prohibición sea levantada definitivamente.

   
 
 

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