viernes 22 de octubre de 2010
 
 

El crecimiento del rugby es un camino hacia su masividad

Por detrás del debate sobre el profesionalismo en nuestro país chocan posturas filosóficas antagónicas.

 

 

A medida que el rugby amplia sus propias fronteras, extendiendo el horizonte que lo relaciona con el resto de la comunidad, va creciendo también el choque de intereses e ideas que se entremezclan con los temores de quienes entienden que lo que esta en riesgo son los valores formativos del rugby. Desde hace varios años la incorporación del profesionalismo forma parte de esta discusión que por momentos parece irse de cauce, al que ocurre cuando la dirigencia no esta a la altura de las circunstancias y se deja atrapar por cuestiones mezquinas y hasta personales.

Los debates siempre son enriquecedores, mucho más cuando hay un trasfondo filosófico como en este caso, y no estamos ante una excepción que confirme la regla. Si observamos con inteligencia lo que esta sucediendo, y separamos las cuestiones egocéntricas o individuales de las realmente trascendentes, podremos identificar que el desafío que el rugby tiene por delante es asumir que su crecimiento no solo puede, sino debe, culminar con su consolidación como un deporte popular. Por ahora, no lo es ni tampoco depende del profesionalismo para que lo sea, aunque sería un disparador de extraordinario poder. Los Pumas del 2007, en su gran mayoría profesionales, llegaron a lo más alto de un seleccionado nacional no solo en lo estrictamente competitivo. También lo fueron en su buena imagen y difusión. Penetraron en la sociedad argentina con extraordinaria fascinación e instalaron aquellas jornadas como si se tratara de un deporte popular. Fue lo más cerca que estuvo nuestro rugby de la popularidad en toda su historia. Ser un deporte popular le permitirá al rugby desparramar masivamente sus virtuosos valores formativos, colaborar con la comunidad en la que vive y se desarrolla de manera activa y no asistencial. Este es el fondo filosófico del debate que aflora, nuevamente en estos días, bajo la escenografía del profesionalismo. El crecimiento del rugby es un camino recto hacia su masividad, y no siempre esto es lo más deseado por todos. Hay una corriente de pensamiento que se resiste a concebir al rugby como un deporte masivo, y se inclina por sostener un circuito cerrado que atesore los valores como un acto de pertenencia a un ámbito tradicional.

   
 
 

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