viernes 30 de septiembre de 2011
 
 

La autoestima de los Pumas

La pasión Puma existe, pero el crecimiento que ha tenido nuestro rugby es mucho más que eso.

 

 

 

Cierta tesis sobre la celeridad del tiempo, que alguna vez manifestó Alvin Toffler, asegura que corre más rápido cuando se suceden acontecimientos importantes en la vida de uno. Algo de eso nos esta pasando en Nueva Zelanda porque el partido con Escocia fue hace tan solo una semana, sin embargo parece mucho más atrás en el tiempo. Es que un mundial es así, se devora todos los grandes momentos con extraordinaria facilidad. Ni hablar del partido en Dunedin, ante Inglaterra, que se nos presenta como si hubiese ocurrido hace varios meses. Ahora, la vertiginosa realidad de la copa del Mundo nos instala ya en otro escenario. Primero esperando el resultado entre Inglaterra y Escocia, que anoche determinaba si los Pumas deben este mediodía simplemente ganar, o si necesitan hacerlo sumando bonus para poder destrabar la posibilidad de un triple empate y hasta pelear la chance de terminar primeros en la zona evitando el cruce con Nueva Zelanda en cuartos de final. Todas las especulaciones se derrumbarán inmediatamente después de jugados los encuentros, cuando los resultados manden a los Pumas a una ruta determinada.

Lo que si perdurará en el tiempo es una enseñanza que parece dejarnos el torneo a los argentinos. La de no subestimar nuestras propias fuerzas, la de no apelar a creer siempre que los buenos resultados se logran por la consagrada pasión Puma. Estamos ante una nueva demostración del gradual crecimiento del rugby argentino que tiene y tendrá, como todos los seleccionados más importantes del mundo del rugby, mejores y peores momentos. Pero, lo que ya no se puede negar, minimizando los buenos resultados otorgándoselo al coraje y la garra de los jugadores, es que nuestro representativo nacional puede ganar y perder con cualquiera de los 10 mejores del planeta rugby. Ya no puede ser una sorpresa que argentina sea segunda tercera u octava en un mundial o en un ranking de la IRB. Los Pumas llegaron a esta posición hace años, y lo hicieron para quedarse ahí. Ahora, quienes debemos asumir esa realidad somos el resto de los argentinos, o al menos quienes estamos ligados afectivamente al rugby. No deberíamos recurrir más a la muletilla de la bravura cuando se dan resultados o buenas actuaciones. No solo es una cuestión de respeto por nosotros mismos y al trabajo de generaciones de Pumas, también es la identificación de valores que nos pertenecen y no deberíamos desechar.

   
 
 

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