viernes 04 de marzo de 2011
 
 

Los jugadores piden ser escuchados y utilizan Facebook

El tiempo transcurre y se va transformando en un cuello de botella para el tema central que envuelve al rugby argentino. Culpa de determinaciones que se fueron dilatando en los últimos años con el solo efecto de evitar una definición que permita poner claridad en la relación del rugby amateur y el profesional, algo que ya existe en nuestro país a nivel de selecciones nacionales.

 

Han buscado ocultar el sol con las manos. Han querido transformar los sueldos en viáticos, subsidios o becas; y a los jugadores en amateurs, profesionales, viaticados o invitados. Ya no hay más sinónimos para utilizar, y el tiempo se acaba. Comienza el torneo de la URBA, el más importante que tiene el rugby en toda América, y aún esta pendiente poner en marcha una estrategia inteligente en la planificación de nuestro rugby, algo que debe hacerse respetando a los jugadores. En estos últimos años se ha esquivado siempre el debate. Todo transita en conciábulos que unen a unos pocos que se juntan para definir que hacer con los otros pocos que, en otro ámbito, se reúnen con el mismo fin. Reuniones y acuerdos difusos, nada es claro y pocos manejan a conciencia toda la información necesaria para llegar a una evaluación correcta. Los jugadores no participan, quedan afuera de la discusión pese a que están hablando de ellos y de sus posibilidades competitivas. Es un momento clave para construir una base sólida para el futuro del rugby nacional, y los principales actores quieren ser escuchados. Ellos se animaron a dejar la cancha y han decidido ser protagonistas de su propio destino. Constituyeron un sitio en facebook denominado “Jugadores deben jugar” que comenzó a funcionar la semana pasada para defender que todos puedan participar en el torneo de la URBA que comienza el 17 de abril. Ya tiene más de 1700 adhesiones, la gran mayoría son jugadores aunque también se puede encontrar a algunos veteranos con ganas de empujar por esta causa. El lugar se va transformando en un piquete virtual que le hace frente a lo que consideran una absoluta injusticia: la prohibición de jugar al rugby con sus amigos y en sus clubes. El futuro de esta acción es impredecible. No son pocos los que empiezan a imaginar que semejante declamación virtual baje al llano en un hecho concreto. Imaginan una protesta en el inicio del torneo que puede ir desde banderazos hasta no presentarse a jugar. Quizás, estemos ante una característica propia de ésta época en la que la juventud asume un protagonismo que estuvo ausente en años anteriores. Las nuevas generaciones parecen no estar dispuestas a cumplir el simple rol de observadores. Es un distintivo de estos tiempos, y el rugby no parece estar ajeno.

Por Claudio Leveroni

 

   
 
 

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