viernes 07 de octubre de 2011
 
 

Los Pumas no viven de milagros

Argentina ha logrado en tres de los últimos cuatro mundiales estar entre los ocho mejores del mundo. Un exitoso camino que aún no se instala como una realidad entre nosotros.

 

Otra vez los Pumas entre las mejores ocho selecciones del mundo, y otra vez contra todos los pronósticos, fundamentalmente de aquellos que surgen desde nuestro país. En Nueva Zelanda nadie se animó a sentenciar una eliminación en primera ronda de los argentinos, por el contrario la prensa local siempre se inclinó a pensar, tal como se pudo escuchar del ciudadano medio de este país, que Escocia tenía menos posibilidades de cruzar la etapa clasificatoria. Y ahora, en la antesala de los cuartos de final y pese a la contundencia que presenta el historial del choque con los argentinos que nunca pudieron festejar ante los All Blacks, también se puede apreciar prudencia y un moderado optimismo para el cruce de mañana en Auckland donde claramente los locales son favoritos. Nos hemos acostumbrado a pensar que solo de milagros vive el rugby argentino, como si no fuéramos capaces de construir y planificar un ordenado crecimiento que, finalmente, es lo que esta sucediendo con disputas y fuertes debates incluidos. ¿Será acaso que estamos enfrascados en vernos en un estado de inferioridad permanente que no nos permite valorar lo que se va consiguiendo con el correr de los años y el paso de nuevas generaciones?.

Con buen criterio se puede plantear que los antecedentes que traía la selección argentina a Nueva Zelanda no eran los mejores. Poco y nada de competencia, más resultados que desanimaban a soñar con una nueva incursión a la segunda ronda. Pero, si hacemos memoria recordaremos que ese fue el panorama que tuvieron los Pumas previo al mundial de 1999 en Gales. Y en el 2007 nadie se animaba a pensar que se podía quebrar a Francia en el debut, ni mucho menos llegar al tercer lugar en el podio. En esos dos mundiales también la realidad pulverizó los pronósticos y malos augurios instalados desde ese pensamiento inferior que arrastra tal fuerza que ni siquiera se puede desterrar con una verdad inobjetable como es la seguidilla de exitosas participaciones mundialistas. No se trata de pensar burdamente que somos los mejores del mundo o superiores a los All Blacks. Es simplemente reconocer los valores que tenemos para comenzar a anular esa mirada negativa, autodestructiva, que se nos presenta como resultado de una derrota cultural que engloba mucho más que al mundo del rugby. Es también apostar al fortalecimiento de nuestra autoestima para poder seguir creciendo sin creer que lo hacemos solamente por espasmos milagrosos que se cruzan en nuestro camino.

   
 
 

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