viernes 20 de julio de 2012
 
 

Mandela debió haber sido apertura de los Springboks

El líder sudafricano esta semana cumplió 94 años, y si bien nunca practicó rugby lo supo utilizar como un experimentado jugador. Táctica y estrategia para ganar el test más importante ante la discriminación legal.La columna de Claudio Leveroni en Tocata de este sábado.
 
Nelson Mandela celebró el último miércoles en Qunu, la aldea de su infancia donde vive la mayor parte del tiempo, su cumpleaños 94. El líder sudafricano es uno de los símbolos mundiales más notables que ha entregado el último siglo relacionado con la lucha por la igualdad y contra la segregación racial. Como parte de la estrategia para cumplir sus nobles objetivos, Mandela estableció una increíble relación con el rugby, deporte preferido por la minoría blanca que gobernaba y oprimía a la mayoritaria negra a través de una ley llamada Apartheid, instaurada en 1950 y por la cual se determinaba las zonas y derechos ciudadanos de exclusividad para personas blancas y su restricción a las negras. La discriminación se asumió como una realidad legal en Sudáfrica hasta 1991, año en que esta miserable ley fue derogada después de la inclaudicable lucha que llevó a Mandela a estar en prisión durante 28 años, desde 1962 hasta 1990. Cuatro años después de su liberación fue electo presidente. En ocasión del Mundial de rugby de 1995, aprovechando que se organizaba en Sudáfrica, se colocó la camiseta de los Springboks como un mensaje unificador bajo el lema “Un equipo, un país”, dando comienzo a otra etapa en la nación africana que aún padece los resabios culturales de décadas de discriminación. 
Mandela no luchó en soledad, con el correr del tiempo su causa fue reuniendo mayor apoyo dentro y fuera del país. En agosto de 1981 los Springboks encararon una gira de 56 días por Nueva Zelanda que generó una sucesión de protestas cada vez más intensas de manifestantes neocelandeses contra la presencia del seleccionado sudafricano. El primer partido, en Gisbone ante el combinado provincial de Poverty Bay, se disputó mientras en las calles linderas al estadio la policía local chocaba con manifestantes. El segundo, ante Waikato en Hamilton, no pudo disputarse porque alrededor de quinientas personas se metieron en la cancha con carteles pidiendo la libertad de Mandela. El tercero fue el primer test y se jugó en Christchurch rodeado por una enorme cantidad de manifestantes que fueron duramente reprimidos por la policía, provocando que la queja se extienda a todo el país. En cada encuentro siguiente de los Springboks las protestas se multiplicaron. El 29 de agosto, en Wellington, unas 9 mil personas hicieron piquetes para cortar los accesos al estadio. Siete días más tarde, en Auckland el último partido de la gira, una avioneta sobrevoló el estadio a baja altura mientras se desarrollaba el encuentro, y arrojó bolsas de harina obligando a detener las acciones por varios minutos. Estos hechos provocaron la modificación de conductas dentro de Nueva Zelanda. La Corte Suprema de Justicia prohibió la gira de los All Blacks a Sudáfrica en 1985, entendiendo que se debía acatar la resolución de Naciones Unidas que promovía un boicot deportivo contra Sudáfrica hasta que ponga fin al apartheid. Algo que, con profunda tristeza hay que recordar, no acato la UAR en 1982 cuando envió un seleccionado argentino bajo el nombre Sudamérica XV de gira por Sudáfrica, mientras Mandela esta preso y la mayoría de los sudafricanos eran discriminados y reprimidos en su protesta. En homenaje a Mandela, y tendiendo en cuenta la próxima participación argentina en la Championship, sería importante que la UAR excluya de la publicación de sus estadísticas oficiales como un triunfo Puma aquel partido disputado en Bloemfontein que se hizo burlando las sanciones internacionales que estaban vigentes.
   
 
 

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