viernes 23 de septiembre de 2011
 
 

Nueva Zelanda deja ver el rugby de hoy y el que viene

Algunas conclusiones a mitad de campeonato muestran mayor paridad entre selecciones. Se impone el rigor físico. 

 

El mundial ya transita por la segunda etapa de la fase clasificatoria, tiempo y partidos suficientes que permiten sacar algunas conclusiones. En lo estrictamente competitivo y relacionado a la evolución del juego, la veintena de cotejos disputados hasta ahora no dejan lugar a dudas que el nivel se ha emparejado en relación a anteriores mundiales. En el lote de países que se encuentran entre los diez o doce mejores la brecha se acortó tanto que la superioridad del Pacífico Sur ya no es tan notable como en los últimos años. Irlanda le ganó a Australia (15-6), y Gales estuvo a punto de derrotar a Sudáfrica por segunda vez en su historia. Los Dragones Rojos cayeron por un punto de diferencia (17-16) y se han ganado la simpatía del público local que los considera la gran sorpresa del campeonato según una encuesta que la televisión neocelandesa difundió en los últimos días. Quitando Japón y Namibia, las naciones que conforman el segundo pelotón han presentado dura resistencia a las grandes potencias. Tonga realizó un digno debut ante Nueva Zelanda (41-10), Rumania estuvo muy cerca de superar a Escocia, faltando 10 minutos estaba ganando por tres, y Georgia también se destacó ante Escocia e Inglaterra. El juego se niveló, pero ha perdido atractivo porque esa igualdad se construye desde el rigor físico y con poca planificación de juego. Nos encontramos con un rugby con menos destrezas y más potencia. No es una buena tendencia hacia el futuro, al menos para quienes pretendemos que la fricción sea una circunstancia estrechamente ligada al control de pelota, y no un fin en si mismo. Ya fuera de lo estrictamente competitivo se puede observar que en Nueza Zelanda 2011 crece la tendencia de la IRB que, como ente rector del rugby mundial, va tendiendo conductas cada vez más aisladas de aquellos principios filosóficos rectores de nuestro juego. La IRB se va fortaleciendo como una empresa multinacional mucho más preocupada por multiplicar la rentabilidad que por difundir el juego y sus valores.

   
 
 

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