viernes 07 de septiembre de 2012
 
 

Que el negocio no devore el contenido

Mientras los Pumas muestran gran progreso en el juego, acercándose a los mejores del mundo, se abre otro gran desafío para quienes conducen institucionalmente el crecimiento del rugby argentino. La columna de Claudio Leveroni en Tocata.

 

Transitamos tiempos de muchos cambios en el rugby argentino. Tanto en la evolución del juego, donde nuestro grupo de elite se esta posicionando a la altura de los mejores del mundo, como en el sistema de organización y desarrollo que se adoptó para enmarcar su crecimiento. En el juego se han asumido compromisos de gran valor, cuyos resultados están a la vista con el rendimiento que los distintos seleccionados nacionales están logrando en competencias internacionales. Para llegar a este gradual y sostenido crecimiento hubo decisiones acertadas que se asumieron. Desde la alianza con la IRB, para abrir centros de entrenamientos en todo el país, hasta algo más reciente como la continuidad del plantel de entrenadores que conduce Santiago Phelan, tras la experiencia mundialista, potenciada con la llegada de Graham Henry.

Indudablemente la incorporación a la Championship coloca al rugby argentino en un escalón que era impensado años atrás. Es una inclusión capaz de desparramar un sinfín de beneficios e interrogantes que van desde las características con las que ira evolucionando nuestra identidad en el juego, hasta la ampliación de las fronteras sociales y los resultados estrictamente económicos que toda esta gran movida ya esta generando. Es en este último punto donde se abren algunas brechas que invitan al debate. Para ingresar a un rugby con estructuras profesionales, como lo esta haciendo Argentina en estos últimos años, es indudable que la organización debe pensarse en la misma dirección. Rentabilidad en los eventos para volcar más recursos en la difusión del rugby para que sea, cada vez más, la opción deportiva por la que se inclinen los niños y jóvenes en nuestro país. Pero, cual es el límite, hasta donde se debe resignar a la hora de negociar por una mayor rentabilidad las acciones que desarrolla el rugby profesional?. Este año la UAR decidió licitar, aunque no en términos formales si lo hizo escuchando ofertas, las sedes de los seis partidos que los Pumas están disputando en nuestro país. Como resultado quedó afuera la plaza más importante, la que tiene mayor cantidad de clubes y aficionados a nuestro deporte. Justamente el año del debut en la Champonship la Capital del país se quedó sin ningún test. Suponiendo que el gobierno porteño ofreció menos dinero que el resto de las provincias, la pregunta que queda flotando es si no se debería haber contemplado la importancia histórica, política y geográfica de la Capital Federal antes de marginar su participación en el calendario Puma. La pregunta no apunta a invalidar el reconocimiento que los test deben seguir jugándose en todo el país, como un principio de federalización del rugby. Solo invita a interrogarnos hasta donde se debe sostener el principio de rentabilidad que impone el nuevo orden que rige el desarrollo del rugby argentino.

 

   
 
 

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