viernes 14 de octubre de 2011
 
 

Un presente con mucho futuro

En el balance mundialista los Pumas mostraron que la nueva camada de jugadores estuvo a la altura de las circunstancias, algo que da tranquilidad teniendo en cuenta los desafíos que se vienen. La columna de Claudio Leveroni este sábado en Tocata.

 

 

Si hay una conclusión que ha dejado el mundial para nuestro rugby es que los Pumas vuelven a tener un recambio generacional acorde a la exigencia que representa vestir la celeste y blanca. Tal como viene sucediendo en los últimos años a los jugadores notables, aquellos que parecen irremplazables, se los termina extrañando muy poco porque quienes ocupan su lugar lo hacen con la misma capacidad y rendimiento. No es una cuestión solamente de talentos personales. Seguramente esto tenga que ver con el proceso de crecimiento y maduración de un seleccionado que hace tiempo dejó de ser un conjunto de individualidades, con mayor o menor de destrezas, para transformarse en un equipo que comulga en objetivos y tiene un plan de juego determinado que le otorga identidad por encima de la garra y la pasión tan característica del rugby argentino. Algunos de esta nueva camada, como Marcelo Bosch, Santiago Fernández, Manuel Carizza, Agustín Creevy y Lucas González, ubicados en la franja que va de los 26 a 28 años pudieron mostrar que se los puede contar para los nuevos y difíciles desafíos que tiene el calendario futuro de los Pumas. Otros más jóvenes, como Juan Figallo, Juan Imhoff o Mariano Galarza, que están en la franja de los 23 a 25 años, sorprendieron dando más de lo que muchos suponían. Hay que detenerse en el pilar salteño para destacar que pese a su juventud y al puesto difícil y mañoso que ocupa donde la experiencia es un factor determinante para ganar una mejor posición en el scrum, pudo sortear exitosamente su paso por los cinco partidos que jugó y hasta llegó a apoyar un try ante Rumania.
Las bajas inesperadas de indiscutidos titulares que tuvo el equipo, inclusive desde antes de llegar a Nueva Zelanda como el caso de Juan Martín Hernández, terminaron dándole la posibilidad a los más nuevos. La lesión de Gonzalo Tiesi nos permitió ver el progreso de Marcelo Bosch, y la de Juan Martín Fernández Lobbe dejó al descubierto las cualidades de Leonardo Senatore (creador de una jugada genial ante Nueva Zelanda que permitió el try de otro tapado que jugó un gran mundial, Julio Farías).
Haber quedado por tercera vez en los últimos cuatro mundiales, entre los ocho mejores del mundo es mérito de éstos jugadores y también de un staff de entrenadores que deberían ser ratificados lo antes posible. El Cuatro Naciones nos espera y esta demasiado cerca.

   
 
 

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