sábado 06 de julio de 2013
 
 

Una deuda pendiente

Nelson Mandela: El deporte tiene el poder de transformar el mundo, de inspirar y unir a la gente como pocas otras cosas. Tiene más capacidad que los gobiernos para derribar barreras raciales. La columna de Claudio Leveroni en la edición de este sábado de Tocata.

 

Las paredes exteriores del hospital de Pretoria están empapeladas con fotos, cartas y afectuosos mensajes dirigidos a Nelson Mandela que continúa internado, en estado crítico pero estable, culpa de una infección pulmonar que jaquea su vida. A punto de cumplir 95 años (18/7), el ex presidente es un símbolo de la lucha contra la segregación racial que lo mantuvo 27 años en prisión hasta que su liberación se transformó en un indeclinable camino hacia el derrumbe del apartheid. Mandela y el rugby han constituido una extraordinaria sociedad, magistralmente relatada en el libro Factor Humano de John Carlin, llevada al cine bajo el título de Invictus dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon.

La lucha de Mandela visibilizó, para quienes están dispuestos ver, la indignidad con que vivían los negros en su propia tierra sometidos por la minoría blanca. El brutal régimen represivo acorraló durante años a los pueblos originarios de esta región de África obligándolos a vivir en ghettos que, en la mayoría de los casos, carecían de agua y electricidad. Los negros no podían votar ni tampoco asistir a escuelas, hospitales o usar micros reservados para blancos. No podían acceder a universidades, o tener negocios en zonas de blancos, con quienes tampoco compartían equipos deportivos. Este fue el panorama que encontró la delegación de la UAR que en 1982, bajo la denominación de Sudamérica XV, aceptó la invitación de la Unión Sudafricana de Rugby realizando una gira que incluyó dos test ante los Springboks. Lo hizo desconociendo la sanción impuesta a Sudáfrica por Naciones Unidas que incluía el boicot en competencias deportivas. Aquel contingente estuvo integrado por 30 argentinos, 5 uruguayos, 5 chilenos y 2 paraguayos. El 3 de abril, un día después del arribo de tropas argentinas a las Islas Malvinas, en Bloemfontein este combinado logró derrotar a la selección sudafricana 21 a 12. Hugo Porta, que años más tarde reconoció como un error de juventud haber participado de esa gira, fue autor de todos los puntos. Los integrantes de aquel equipo relataron en varias crónicas periodísticas como los negros con quienes se cruzaron en los casi dos meses que duró la gira, les hacían saber que estarían alentándolos con el deseo que derroten al seleccionado del deporte preferido por los blancos. El propio Mandela, en prisión, tenía el mismo deseo según supo confesar años más tarde.

La UAR, como máxima responsable, se muestra perezosa a la hora de reconocer el error de haber disfrazado una selección argentina para contradecir la condena internacional a Sudáfrica y su régimen legal de racismo (apartheid). Recién el año pasado decidió dar un primer paso y quitar el encuentro que, increíblemente, hasta entonces incluía como el único triunfo argentino en su historial con Sudáfrica. El gesto está muy lejos de considerarse una autocrítica. Al pié de las 15 derrotas y el único empate de los Pumas se puede leer como posdata en la página oficial de la UAR: “…en 1982, los jugadores argentinos utilizaron el nombre Sudamérica XV para evitar problemas con los organismos internacionales que impusieron la política anti-apartheid a Sudáfrica…”. Toda una definición.

   
 
 

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