sábado 30 de abril de 2011
 
 

Una historia sin fin

Los pladares juegan esta tarde, pero el conflicto continúa latente. En sesenta días la URBA se comprometió a resolverlo. La columna de Claudio Leveroni en Tocata La Previa.

 

Asumiendo una notable cuota de tolerancia en el manejo del conflicto que mantienen con la URBA, los jugadores que integran el PladAR estarán en cancha esta tarde. Es la información que pudimos ir recogiendo al cierre de esta agitada edición de Tocata, y a pocas horas de jugarse la segunda fecha del torneo porteño. En principio se trata de una buena noticia que, si bien no da por cerrada la crisis ni mucho menos, parece extender un crédito para creer que esto finalmente sucederá. Al menos es lo que interpretan los principales afectados por el conflicto, que son los jugadores en general, y en particular aquellos que llevan la carga de estar prohibidos de poder participar en las competencias de sus clubes. Todavía el cuadro de situación es demasiado confuso, resta por completar con varios capítulos más esta interminable historia que deseamos tenga un final que no trunque la evolución y el desarrollo que esta teniendo el rugby argentino a nivel nacional. El recorrido de los acontecimientos durante esta semana nos permite destacar muy particularmente la actitud de los jugadores que, pese a la tensión que existe y a los duros cruces que han tenido con los dirigentes depositan en ellos la responsabilidad de lograr una solución definitiva en los próximos sesenta días. Ese fue el plazo que surgió en la reunión del martes pasado entre las autoridades de la URBA y la UAR con el titular de la Secretaría de Deportes de la Nación. En ese plenario Claudio Morresi planteó un compás de espera de dos meses, y le pidió a los representantes bonaerenses que, mientras tanto, permitan jugar a los integrantes del PladAR. La URBA comunicó más tarde que asumía el plazo, pero no podía desandar lo que la Asamblea había votado el 15 de abril (48 horas antes del comienzo del torneo), por lo tanto los jugadores podrían jugar si renunciaban al dinero. Fue así que los pladares afectados ratificaron que no renunciarán a sus becas, pero están dispuestos a no cobrarlas en este período para poder jugar. Lo que sucederá con ese dinero es todavía una cuestión a resolver y en buena medida dependerá de lo que la URBA decida finalmente. Lo concreto es que por ahora solo hay remiendos, nada se resolvió en forma definitiva. Tan solo se han puesto paños fríos para bajar la temperatura de una crisis que amenaza con estallar provocando consecuencias impensadas para el rugby local. No hace falta ser futurólogo para comprender que esto finalmente sucederá si no se encamina hacia una solución que se asuma con criteriosa responsabilidad.

   
 
 

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