Opinón
viernes 15 de marzo de 2019
 
 

Barajar y dar de nuevo

La WR propone un campeonato de naciones que desató críticas y apoyos. Pero, ¿Qué hay detrás de esa decisión?.

 
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Hay una tendencia a valorar el ritmo vertiginoso de estos tiempos como parte necesaria en la búsqueda de una evolución positiva. La velocidad, esa que sin pausas superpone acontecimientos, es vista como una virtud de época. El rugby no es ajeno a esta apreciación. Los profundos cambios que viene sufriendo en su esquema de organización y competencias se han mutado con llamativa celeridad en las últimas dos décadas. Casualmente, o no, a partir de la incorporación del profesionalismo a nuestro deporte. El intrincado mundo de los negocios moviliza intereses que, en muchas ocasiones, son difíciles de amalgamar a determinados valores de construcción social. El rugby, como deporte, es una valiosa herramienta para moldear conductas sociales. Su aporte formativo se basa en la identificación del individuo con el esfuerzo colectivo, la solidaridad, el respeto al adversario y a las reglas que rigen el juego. ¿Puede un sistema de competencias atentar contra estos valores? Es una de las preguntas que deberíamos hacernos cuando observamos el revuelo que se desató tras la idea de la WR, aportada por Agustín Pichot, de lanzar una liga mundial anual con ascensos y descensos con la participación de las naciones de todo el planeta rugby. Garantizan un máximo de 11 partidos por temporada (12 para los finalistas), reemplazando las actuales ventanas internacionales, y jaqueando la existencia de torneos como el 6N o el Súper Rugby. No hace falta demasiada imaginación para darse cuenta que un cruce entre naciones será mucho más atractivo y convocante que cualquier otra competencia que rige en el calendario actual. Barrerá con torneos y equipos fantasía que, bajo el rótulo de franquicias, no logran tener identidad propia. Estamos ante una propuesta que choca con otros intereses que están en danza en el rugby mundial. Es barajar y dar de nuevo para ordenar un esquema de organización internacional que ratifique en el centro de la escena a la WR. En el norte, las seis naciones, que niegan aceptar descensos y asensos en su tradicional torneo, no quieren desmembrar su propia historia. En el sur, donde existen buenos contratos televisivos pero con estadios vacíos, observan la propuesta como un atentado a sus intereses. En ambos hemisferios hay, también, quienes dan señales positivas para avanzar con otro nuevo cambio en el sistema de competencias.

   
 
 

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