Opinión
viernes 19 de octubre de 2018
 
 

Con la necesidad de formar líderes

Atravesamos un período donde escasean los conductores. Una tarea del rugby es detectarlos y formarlos.

 
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Hay un distintivo de época que involucra al conjunto de la sociedad, al deporte en general y al rugby en particular. La ausencia de líderes en los planteles que trotan en derredor de la ovalada es un síntoma de estos tiempos. Cualquier veterano que, estimulado por estas líneas, repase mentalmente la historia del plantel superior de su club en las últimas décadas, reconocerá rápidamente a jugadores emblemáticos que tenían particular ascendencia en el resto de sus compañeros. La actualidad puede presentarnos rugbiers con mayor destreza o potencia, pero es un lugar común señalar que faltan líderes. Posiblemente, Los Pumas sean el mejor ejemplo para observar. Estamos ante una camada de talentosos jugadores que reúnen condiciones ideales para ser parte del seleccionado. Algunos, por rendimiento y experiencia, tienen mayor influencia con el resto. Pero, es notable que faltan liderazgos. Es, bajo estas condiciones, que surge la figura de un entrenador líder. Mario Ledesma, además de aportar su indudable experiencia y conocimientos en la preparación técnica de un equipo, incorporó liderazgo desde un lugar impensado. El cambio mental que puede producir el líder en un grupo de jugadores en medio de un partido, lo provocó en estos Pumas Ledesma desde fuera del campo de juego. No es un caso único. En el reciente Argentina-Australia, los Wallabies fueron vapuleados en el primer tiempo. En el vestuario, Michel Cheika ejerció toda la potencia de su liderazgo como entrenador. Encontró las palabras justas para motivar un cambio de actitud que terminó siendo demoledor en el complemento. ¿Cuáles fueron sus palabras, que les dijo?, fue la curiosidad pos encuentro. Una respuesta podría ser que no importa tanto que dijo, sino quien lo dijo.

La opinión generalizada es que hay líderes que nacen con capacidades innatas y hay otros que se van formando. Teniendo en cuenta que hay liderazgos positivos y otros negativos, los clubes de rugby deben trabajar para detectar y formar jugadores que puedan asumir esa responsabilidad. Lo deben hacer, especialmente, con más énfasis en estos tiempos de carencia.

   
 
 

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