Championship
viernes 30 de agosto de 2013
 
 

El desafío en Oceanía es evitar el síndrome de Soweto

El rendimiento argentino durante la primera etapa de la Championship deja un balance tan incierto como el futuro inmediato.

 
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El sorpresivo inicio que tuvieron Los Pumas en la Championship ha dejado dudas sobre el rendimiento que podemos esperar de aquí en más del seleccionado nacional. Una sorpresa doble, primero por la paliza recibida en Soweto que nos hizo retornar a tiempos que creíamos no se repetirían con semejante distancia en contra en un marcador final. El crecimiento que ha tenido el juego argentino en los últimos años nos hizo pensar que las abultadas derrotas, como aquella de 16 años atrás en Wellington ante Nueva Zelanda (93-8), eran cosas del pasado que ya no se repetirían. La distancia de 60 puntos con los Springboks se asemejó demasiado a la postal de 1997. La segunda sorpresa fue ver, apenas siete días después, la reacción que tuvo el mismo equipo ante el mismo rival. Cuando la sensación generalizada era que en Mendoza se volvía a perder, y seguramente por una diferencia considerable, el equipo lució su orgullo y desde una extraordinaria defensa construyó un partido que lo tuvo con mayor posesión de pelota, ganando en los lines, jugando más cantidad de minutos en campo sudafricano que en el propio, y marcando dos tries contra uno recibido. Ciertamente, el resultado final fue lo menos importante. Una derrota que suma, fue el título de la crónica del encuentro en la edición especial de Tocata del domingo pasado, resumiendo la importancia de poder tener a nuestro seleccionado otra vez en ese nivel de juego. Aspiramos verlos siempre así, no es una exigencia idílica o fanatizada. Hay antecedentes que nos permiten considerar que este plantel esta muy por encima del décimo lugar que le asigna por estos días la IRB en su caprichoso ranking. Sin embargo, la duda esta planteada en nuestro fuero más íntimo. ¿Cuál de los dos equipos aparecerá en el escenario de Wellington primero y Perth después?.

Dan ganas de convencerse que lo del debut en la Championship no se repetirá, que si vienen derrotas será habiendo entregado todo lo que se espera de nuestro seleccionado. Actitud y garra que son el núcleo central del ADN del rugby argentino. Eso es lo que sintetizan los Pumas en la nobleza de su juego. Esa es nuestra identidad. Todo lo demás, el orden en su sistema de juego, la organización de sus formaciones fijas o el despliegue en las que son móviles, resultan ser valiosos agregados que se van perfeccionando y enriqueciendo gracias a un esquema cada vez más profesional. Lo que no se puede dejar de lado dentro de una cancha es nuestra pertenencia a una forma de vivir y sentir el rugby. Muchas veces quienes están alejados del mundo ovalado, pero cercanos al deporte, nos preguntan como es posible que siempre valoramos la actuación de los Pumas a pesar de las derrotas. No ganaron nada y hablan como si fueran campeones del mundo, nos retrucan. Es que, sin importar el resultado, han sido muy pocas las veces que los Pumas se fueron a los vestuarios sin haber dejado jirones de su vida en la cancha. Los Pumas no juegan como los All Blacks, ni como los Springboks, ni como los Wallabies. Los Pumas juegan como su propia historia manda, con el peso de generaciones que los antecedieron y con otro aún mayor, el de aquellos que nunca van a llegar ni siquiera a la intermedia de su club, esos que cumplen rigurosamente con el ritual de cada sábado sin abandonar sus feroces deseos de superación imaginando que algún día serán Pumas.

 

   
 
 

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