Opinión
viernes 26 de abril de 2019
 
 

El tesoro más valioso del rugby

Los valores que difunde nuestro deporte en acciones concretas.

 
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Hay una interminable cadena de acontecimientos que unen al rugby con el conjunto de la sociedad. Iniciativas ovaladas que se ponen en marcha disparadas por el estímulo que representan los valores que pregona nuestro deporte. En la cancha de césped del Penal de Chimbas que pertenece al Servicio Penitenciario de San Juan, hay 60 presos de diferentes pabellones de esta provincia que juegan al rugby todos los martes y jueves. Lo hacen desde hace pocos meses. Funcionarios del gobierno local y de la Corte de Justicia sanjuanina sintieron curiosidad por los muy buenos resultados que tiene, en la reinserción de personas a la sociedad, el programa que inició en 2009 Eduardo Oderigo creando en el penal de San Martín el equipo Los Espartanos. Las estadísticas son contundentes a la hora de destacar el éxito de esta iniciativa. Hasta el año pasado, de los 300 Espartanos que recuperaron la libertad, solo 6 reincidieron. Es decir, el 2%, cuando el promedio de reincidencia en la población carcelaria de la Provincia de Buenos Aires es del 65%. Valiosa lectura la que hizo el gobierno sanjuanino al firmar un convenio con la fundación Espartanos y poner en marcha el rugby dentro de los penitenciarios cuyanos. Estas iniciativas, puestas en acción gracias al estímulo de valores que atesora el rugby, se multiplican en todo el país. En La Plata surgió hace años el Proyecto Fenix; en Mar del Plata otro similar bajo el nombre Cambio de Paso, ambos recibieron ayuda institucional de la UAR para potenciar sus trabajos. El Puma de bronce Ignacio Corleto motorizó, también desde 2009, Botines Solidarios. Una ONG que busca garantizar los derechos de niños, adolescentes y adultos a través del hockey y el rugby. Este ejemplo se multiplica por 100. Esa es la cantidad de clubes con rugby social que se encuentran desparramados en toda la geografía argentina. Realizan encuentros anuales, coordinan competencias entre sí. La mayoría no participan en torneos oficiales, pero les sobra pasión para abrazar una ovalada inflada con valores humanos basados en la solidaridad y el pensar al otro como uno mismo. Están en barrios humildes, como el Carlos Mugica de Retiro, o incorporando comunidades indígenas como Qompi Rugby Club, ubicado en el barrio Namqom en las afueras de Formosa que cuenta con más de 150 jugadores. Ello son la esencia del rugby.

   
 
 

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