Columna de Claudio Leveroni
sábado 12 de octubre de 2013
 
 

Hoy la fiesta es en el templo del rugby

El desafío hacia adelante es fortalecer la identidad de estas jornadas para que sigan siendo las más esperadas por los fanáticos de la ovalada.

 
Aguarde un instante...

 Asumiendo que se trata de una saludable rotación el tramo final del torneo más importante que tiene el rugby de América vuelve a San Isidro después de disputarse durante tres años consecutivos en La Plata. La demora que hubo para asumir la definición del escenario de estas jornadas (recién fue confirmado hace tres semanas) pone en evidencia la dificultad que tiene la URBA para encontrar lugares adecuados para organizar el cierre de temporada. Para colmo los vaivenes de un año electoral metieron la cola. Primero con Daniel Scioli anunciando en Mayo, en una visita oficial a San Isidro, que las finales se jugarían en el distrito que gobierna Gustavo Posse. Más tarde con el intendente de Tigre Sergio Massa, que gusta de organizar mega eventos deportivos, ofreciendo un predio municipal en Tigre. Los operadores de Massa ligados al rugby supieron siempre que la propuesta no calificaba, pero privilegiaron buscar desactivar la elección hecha por Scioli. La URBA quedó en medio de estos tironeos y debilitado su poder de decisión a sabiendas que la Provincia, a través de la Lotería, es el principal sponsor que tiene para financiar estas finales cuyo costo supera los dos millones de pesos.

Se sabe, y no por buenas experiencias pasadas como Ferro 2007, que el tramo final de la temporada debe realizarse en un club de rugby. Se busca alguno que cuente con las características que permitan reunir a 10 mil personas, con varias canchas para competencias simultáneas, vestuarios e infraestructura capaz de soportar semejante rotación de jugadores. La Plata es ideal, reúne esas condiciones y por eso fue tres años seguidos sede. Pero, es saludable rotar para que el entusiasmo se renueve cada año. Además, en esta oportunidad, los seis equipos clasificados son de la zona norte, región que acumula la mayor cantidad de instituciones, jugadores y seguidores de la ovalada. No hay demasiados clubes que cuenten con todos los requisitos para ser sede de las finales, y algunos con características favorables para este evento prefieren mantenerse al margen. Newman pasó un susto grande en 2006 cuando una de las tribunas pareció ceder ante el peso de la multitud. Con esta realidad, quizás sea necesario pensar hacia el futuro que ya no es posible armar todos los partidos de todas las categorías en un mismo lugar. Posiblemente, sea más eficaz preservar un escenario principal para los encuentros centrales distribuyendo el resto en otros clubes como ya se hizo en temporadas pasadas. Aventurando un futuro con vertiginoso crecimiento para el rugby argentino no resulta alocado imaginar la construcción de un escenario propio. Es un viejo sueño. Algunas décadas atrás la UAR tentó al gobierno porteño para adquirir el velódromo municipal y ahí construir su estadio. Construido para los Panamericanos del 51 en la actualidad la mole reposa sin actividad y con la picota amenazándola si es que prospera la idea de Macri de demolerla.

El cierre de la actual temporada se planificó de acuerdo al escenario elegido. Con un partido por jornada, que se jugará felizmente bajo luz diurna, CASI estará nuevamente a la altura de las circunstancias. El rugby vivirá su fiesta.

 

   
 
 

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