Opinion
viernes 18 de octubre de 2013
 
 

La ovalada no se mancha

Los playoffs fueron una fiesta para los fanáticos de la ovalada. Más de 17 mil personas se reunieron en dos jornadas que dejaron debates abiertos.

 
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Como no podía ser de otra manera los cruces por cuartos de final en el CASI dejaron mucha tela para cortar, tanto en lo estrictamente deportivo como en lo que hace a la organización del cierre de temporada del torneo más importante que tiene el rugby de América.

En lo que refiere al juego resalta la seriedad con la que han encarado los cuatro equipos su preparación. Tanto fue así que en el caso de Belgrano quizás faltó moderar el ímpetu de algunos de sus protagonistas que maltrataron al ex capitán de los Pumas en su reaparición con la camiseta bordó después de 13 años de ausencia. Felipe Contepomi, con razón, se quejó al entender que una trompada no corresponde a ninguna instancia del juego y merece ser sancionada con roja directa y no con amarilla. La amonestación debe ser un castigo para las faltas, o sus reiteraciones, que están dentro del marco del juego. Un hecho deliberadamente desleal, como una trompada, no tiene margen para ser interpretado como una acción del juego y debe ser roja.

El domingo CASI y SIC entregaron un partido de brillo oculto. De esos que saben disfrutar aquellos ojos entrenados en el movimiento de 30 jugadores y la ovalada. El clásico resultó un verdadero desafío estratégico e intelectual. Los locales plantearon su superioridad en los 30 minutos iniciales con una diferencia en el juego que se traducía en puntos. SIC descifró el enigma y con paciencia revirtió lo que parecía su tercera derrota en el año ante los vecinos del bajo.

 

En lo referente a la organización la URBA esta vez estuvo a la altura de las circunstancias.  Fue acertado apostar a un partido por jornada y jugar con luz de día. Se llegó hasta la Catedral con comodidad a pesar de no tener los beneficios de un estacionamiento determinado, las calles cercanas alcanzaron para la demanda y no hubo mayores quejas por eso. La convocatoria fue masiva para el mundo ovalado. Que el clásico sea visto por 10 mil personas no sorprende, pero que más de siete mil fanáticos se hayan arrimado a ver Newman – Belgrano, es infrecuente.

 

Fue una verdadera fiesta del rugby que no llegó a ser empañada ni siquiera por el incidente que sufrió Contepomi cuando fue insultado por un adolescente en momentos que se retiraba de la cancha. El hecho no debe agotarse en el repudio, debe servir para no decaer en la tarea de desparramar hasta el hartazgo la faceta formativa que tiene nuestro deporte. Así y todo, la semifinal en si misma fue mucho más que ese incidente aunque los grandes medios nacionales, acostumbrados a resaltar más lo negativo que lo positivo, optaron por lo contrario.

Hicieron de lo que era un recuadro la nota central. Innecesariamente opacaron el triunfo de Newman que lo lleva, por segunda vez en su historia, a una final de la URBA. Si esos mismos medios iban por la positiva el lunes deberían haber encabezado la sección con el título: “Un espectáculo con 10 mil personas y ni un solo policía”. Si bien eso fue absolutamente cierto habría sido también un despropósito, su exaltación no podía estar por encima de lo que entregó el clásico del rugby argentino dentro de la cancha. Eso si, debería haber merecido un recuadro que no se vio.

   
 
 

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