Opinión
viernes 13 de septiembre de 2013
 
 

Los temporales y el rugby no se llevan bien

La tradición manda jugar siempre, ¿debe ser así? La URBA debería asumir un mayor protagonismo en estas jornadas cuidando a los jugadores y a los clubes.

 
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Jornadas como las del último sábado deberían obligarnos a repensar algunas conductas culturales que están incorporadas desde siempre en nuestro acotado mundo ovalado. Un diluvio fue el escenario que acompañó la fecha. No se trató de un día simple de lluvia, la concepción bíblica del diluvio no es exagerada para describir el temporal de siete días atrás que dejó varios partidos suspendidos y al resto jugándose en condiciones definitivamente anormales. Hay un criterio incorporado en nuestra cultura deportiva que nos indica que el rugby se juega siempre. Es entendible en la medida que se interprete como el desafío de poder desplegar el juego bajo cualquier condición climática, pero aceptando que hay límites. Una cosa es jugar bajo la lluvia y otra muy distinta en medio de un temporal con terrenos semi inundados donde los jugadores se deslizan, pierden el equilibrio con facilidad y quedan expuestos a situaciones riesgosas para sus físicos. En ellos se debe pensar antes que nada, en cuidar su integridad. Así como las reglas se van modificando casi todos los años, buscando que el rugby sea más dinámico y tenga menos fricción riesgosa, también es necesario adaptar otros cambios para no exponer innecesariamente a los protagonistas.

Los partidos se suspenden si no se ven las líneas que señalan la cancha. Los árbitros deciden finalmente, y muchas veces los clubes se ponen de acuerdo. Las características del temporal del último sábado fueron lo suficientemente importantes para que la URBA suspenda la fecha poniendo a resguardo a los jugadores y en igualdad de condiciones a todos los equipos. Aquellos que debieron completar sus compromisos a mitad de semana llegan al encuentro de esta tarde otorgando ventajas. La falta de tiempo para una adecuada recuperación física puede resultar determinante en el rendimiento de los jugadores en una fecha en la que están en juego puntos importantes para mantenerse o ascender a la máxima categoría de la URBA.

El cuidado de los jugadores es el principal motivo pero no el único por el que se deberían suspender las fechas con características climáticas tan adversas como las del sábado último. Un segundo interés está relacionado al cuidado de los campos de juego que suelen quedar destrozados y difíciles de recuperar en el corto tiempo. Los clubes que son locales en días de temporal se perjudican por partida doble ya que, además de tener que invertir en la recuperación del terreno, por la escasa cantidad de público que asiste sufren una notable merma en la recaudación por entradas y estacionamiento.

La URBA, además de asumir la responsabilidad de esta toma de decisiones, debería prevenir estas situaciones armando su calendario anual de competencias considerando la posible suspensión de un par de fechas que puedan ser traspasadas a otro fin de semana prefijado sin competencia.

   
 
 

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