Opinón
viernes 14 de julio de 2017
 
 

Rescatando palabras

El rugby sufrió insólitas mutaciones en su vocabulario. Es hora de reencontrarse con algunas de ellas. 

 
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Hubo un día que robaron palabras. El ladrón, sentado frente a mí, me las arrancó de un tirón. Fue en invierno de 1977, a pocos meses de traspasar mis dos décadas de vida. Después de comentar en Radio El Mundo el empate de Los Pumas con Francia (18-18), recordado como mojón histórico por ser la primera vez que el seleccionado europeo no pudo ganarle al argentino, me llamaron del primer piso del viejo edificio de Maipú 555 donde, en aquel entonces, funcionaban varias emisoras y en la actualidad está Radio Nacional. Debía subir a una oficina contigua a la del interventor. Trepé las escaleras con el temor que imponía la época a sabiendas que se trataba de un llamado infrecuente, extraño. Aquellos pasillos no eran un paso habitual para los trabajadores de la radio. Estaban reservados para los dueños de esos despachos, mucho mejor era mantenerse lejos de ellos. Esperé hasta que un subalterno me hizo pasar. “¿Qué es eso de la montonera?”, preguntó quién oficiaba de autoridad. Nunca lo había visto, no sabía quién era y tenía en claro que tampoco debía preguntarlo. Me di cuenta que apuntaba al comentario que minutos antes había realizado analizando el test de Los Pumas. Expliqué entonces que se trataba de una instancia del juego, un agrupamiento de jugadores en busca de la posesión de la pelota. “¿Mire, aquí no se habla más de montoneras, me entendió?”. La reunión se extendió esos pocos minutos, los necesarios para talar mi vocabulario con un guadañazo de autoritarismo. Así de brutos eran. Ligaban las montoneras con la agrupación montoneros. Los pasillos de la radio daban cuenta de hasta donde podían llegar las limitaciones y brutalidad. Pegados en las limpias paredes, que aún guían a los estudios, estaban las largas listas de temas y artistas prohibidos, los que no se podían difundir ni nombrar. Bajé las escaleras con las piernas aún reblandecidas, sabiendo que aquella mutilación de palabras me acompañaría un tiempo largo.

Con el correr de los años, y las modificaciones reglamentarias que el rugby fue teniendo, las montoneras se transformaron y dividieron en mauls y rucks. Aquel hecho del que fui protagonista involuntario queda como una pequeña anécdota, como algo insignificante al lado del enorme daño que generó en toda la sociedad argentina la larga negra noche de la dictadura cívico-militar. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, me propongo algo reparador. Transformar los mauls nuevamente en montoneras en mi propio vocabulario. Una reivindicación tardía para una nomenclatura local, que define una acción del juego, que marcó una época. Tanto fue así que, en los años 70, en la zona de Glew se creó y compitió durante algún tiempo Montoneros Rugby, un club bautizado con el nombre de la formación móvil más popular del rugby en aquellos tiempos. Un nombre que hoy está en desuso, al menos en el vocabulario del rugby cotidiano. Así y todo, ha mantenido cierta vigencia, la suficiente como para que en la actualidad un club de La Rioja participe de la Unión Andina con el mismo nombre que tuvo el de Glew algo más de cuatro décadas atrás. 

   
 
 

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