Opinion
sábado 24 de agosto de 2013
 
 

Siempre hay que ir por más

La actuación de los Pumas en la actual edición de la Championship condicionará las negociaciones para continuar en uno de los escenarios centrales del rugby mundial. 

 

El desempeño de los Pumas en su segunda participación en la Championship puede resultar determinante para la proyección internacional del rugby de elite argentino. En la edición 2012 el seleccionado nacional demostró que no era imposible alcanzar, en pocos años más, un nivel de juego que lo lleve a jugar de igual a igual con las tres potencias del Hemisferio Sur. No pareció una conclusión disparatada, los resultados y el rendimiento como equipo, durante el recorrido del torneo del año pasado, estuvo por encima de lo esperado pese a alcanzar solo un empate en las seis presentaciones.

Para esta segunda edición el listón de exigencia se encuentra más alto. Hay que subir un escalón en la búsqueda de esa equiparación futura con las tres potencias. Pero, no solo del juego se alimenta el rugby profesional. Es necesario también crecer en el volumen de rentabilidad comercial, para lo cual es preciso extender las fronteras de nuestro rugby, buscando estar lo más cercano posible a un deporte popular, y mantener la escala ascendente de sponsors que acompañen semejante movida. El profesionalismo exige navegar permanentemente hacia esas dos metas: Mejorar el nivel de juego como prioridad y ampliar la base de popularidad como un complemento necesario.

El compromiso argentino con la SANZAR, organizadora de la Championship, es estar en este torneo como invitado por cuatro años para recién después hacer una evaluación y analizar la posibilidad de ingresar a esta organización en calidad de socio. Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda analizarán si les resulta rentable el ingreso de nuestro país a la principal unidad de negocio que tiene el rugby mundial después de la Copa del Mundo. Si la UAR forma parte de la SANZAR, en una categoría distinta a la de un simple invitado, podrá ser parte de las decisiones que se tomen y de la rentabilidad, tanto económica como deportiva, que la sociedad reporte. Es el objetivo de máxima que se persigue. Para ser aceptado como socio se debe mostrar que es posible estar a la altura de las circunstancias tanto en el nivel de juego que entreguen los Pumas en estas cuatro ediciones como en el volumen comercial que represente su participación.

El comienzo de la edición 2013, con una penosa producción en el debut ante Sudáfrica, representó un retroceso significativo en las aspiraciones argentinas. La derrota en Soweto fue tan sorprendente que, sino se revierte con resultados positivos en las próximos test, debilitará notablemente a nuestro país en la mesa de negociaciones donde se busca una mayor inserción en las competencias del Hemisferio Sur para los años venideros.

Cómo será el esquema de competencias futuras aún nadie lo sabe, pero lo cierto es que hoy Argentina está sentada junto a los principales diseñadores del rugby mundial. En principio se habla de dos posibles franquicias para seleccionados argentinos y de un posible desdoblamiento del Súper Rugby que dejaría a Nueva Zelanda y Australia por un lado, y Sudáfrica junto a Argentina por el otro, siempre dentro de la misma organización. Esta idea la deslizó algunas semanas atrás Greg Peters, uno de los máximos responsables de SANZAR, y su conveniencia formó parte de la agenda de conversaciones que, con Agustín Pichot a la cabeza, dirigentes de la UAR conversaron la semana pasada en Sudáfrica. Ellos tienen parte de la responsabilidad sobre el futuro del rugby de elite argentino, la otra parte le corresponde a los Pumas que deben recuperar su identidad de juego y sumar triunfos ante los rivales más complicados del plantea rugby. 

   
 
 

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