Opinión
jueves 20 de junio de 2019
 
 

Una ovalada que crece y no se mancha

El rugby argentino marcado por un armonioso crecimiento institucional y deportivo.

 
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El rugby argentino se encuentra ante un nuevo anuncio que representa una promesa de extraordinaria proyección. Se trata del enroque que realizará la UAR con el Estado Nacional, entregando el predio que posee en Campana a cambio de 13 hectáreas ubicadas en Pilar a un lado de la Panamericana. La buena nueva no viene sola. Con este intercambio, que favorece la accesibilidad para lo que en el futuro será el complejo nacional del rugby que concentrará la administración de la UAR más la preparación para la alta competencia y el rugby de base, también nos anoticiamos que ya existen los fondos para poner en marcha las obras. Así lo anticipó Agustín Pichot a Tocata. No es poco dinero. El vice de la World Rugby calcula que serán unos 18 millones de dólares los necesarios para construir un complejo de máximo nivel y jerarquía internacional. Será la coronación de una etapa marcada por un notable crecimiento de nuestro rugby. En este complejo, donde entrenarán y concentrarán planteles de los distintos seleccionados nacionales, también habrá espacio para clubes y organizaciones sociales que desarrollen rugby de base como Botines Solidarios, creada en 2009 por Ignacio Corleto, o la Fundación Espartanos puesta en marcha ese mismo año por Eduardo Oderigo llevando los valores del rugby a las cárceles.

 

El ambicioso proyecto que representa la construcción del complejo nacional de rugby, corre en paralelo a una realidad deportiva que también entusiasma. El rendimiento en esta temporada de Los Jaguares en el exigente Súper Rugby, y la performance de Los Pumitas en el mundial que por estos días se desarrolla en Santa Fe, son resultados alentadores. La UAR tiene en la actualidad solo 38 jugadores profesionales y otros 34 becados. La meta es llegar a 140 en 2021, un año que tendrá un calendario de competencias internacionales exigente para Pumas, Jaguares y las dos franquicias que habrá en la Liga Sudamericana. Será poca esa cantidad de jugadores si la comparamos con el promedio de 300 profesionales que tienen cada una de las otras tres potencias del hemisferio sur. Una de las llaves del rugby argentino para ampliar sus propias fronteras es la buena difusión. Ha sabido mostrarse, ante el resto de la sociedad, como un deporte que prioriza el desarrollo formativo a partir de sus valores. Capturó así nuevas generaciones ovaladas. La estadística resalta que desde 2014 a 2018 creció un 20% el número de niños y jóvenes que se sumaron a nuestro deporte.

   
 
 

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